Ayer, día 9 de mayo, celebramos el Día de Europa. Aunque para muchos esta unión no sea más que una alianza de intereses y de economías, yo considero Europa como una unión de estados, de pueblos diferentes, de gentes muy diversas, pero con unas raíces culturales comunes. Y ahí, La Rioja comparte ese espíritu europeo de eliminación de fronteras y desigualdades: somos cruce de caminos, una tierra abierta siempre a personas, peregrinos y vivencias.
Y nuestra principal puerta a Europa ha sido desde siempre y es el Camino de Santiago. La ruta jacobea es una de nuestras principales señas de identidad, sobre todo fuera de nuestra Comunidad. La Rioja es conocida internacionalmente por la calidad de nuestros vinos y por ser cuna de la lengua española, pero también presumimos de formar parte del Camino de Santiago, el Primer Itinerario Cultural Europeo y Patrimonio de la Humanidad.
La referencia de un obispo peregrino francés, Gotescalco, en el año 950, en el monasterio de San Martín de Albelda; la batalla de Clavijo; la leyenda del peregrino ahorcado; la figura de Santo Domingo y la propia localidad; etc., son hitos en nuestra historia que nos emparentan con el Camino, y con tantos pueblos y gentes que lo conforman y lo viven.
Por eso, y por otras muchas razones, el pasado miércoles día 5, tras recorrer a pie varios kilómetros de la ruta jacobea (ya he contado en mi perfil que una de las cosas que me gustaría hacer en la vida es recorrerlo entero) hasta llegar a la Catedral de Santiago, los presidentes de Navarra, Castilla y León, Galicia y La Rioja (comunidades que atraviesa el Camino francés) firmábamos un protocolo de colaboración para coordinar las actuaciones del Año Jacobeo. Todo un honor y un deber para celebrar desde La Rioja el Día de Europa.
PD: Las fotografías las tomaron durante la visita al tejado de la catedral. Os puedo asegurar que las vistas son impresionantes. Una visita realmente aconsejable.
Parece que hoy lunes el frío ha vuelto a La Rioja, incluso apuntan nieves en la sierra. Pero, aun así, el verano está cerca (este año ya hemos conocido bien el calor) y creo que el turismo de naturaleza, el turismo rural, es una buena opción.
Por eso traigo hoy al blog una interesante iniciativa turística que pude conocer la semana pasada en primera persona. Si hace poco visitaba en San Román de Cameros la granja escuela del Molino del Corregidor, el pasado martes pude conocer en esa misma localidad las Casas deVelilla, cuatro apartamentos rurales que han puesto en marcha Raúl y Lola en la aldea de Velilla.
Siguiendo la costumbre arquitectónica de la zona de piedra y madera, y con el más exquisito de los gustos estéticos (bueno, a mí al menos me encantaron), esta simpática pareja ofrece hasta 26 plazas de alojamiento en cuatro casas, que han bautizado con nombres alusivos al pasado de la villa: Casa de Concejos, del Tío Conejo, y dos con el nombre de la Tía Upe.
Sirva este ejemplo para aplaudir la iniciativa de los emprendedores riojanos. De la gente que idea, imagina, proyecta, arriesga y…, sobre todo, trabaja.
El ejemplo tiene más mérito cuando, como en este caso, se trata de invertir en nuestros municipios más pequeños, o de revitalizar aldeas, como Velilla, hasta ahora tristemente despoblada.
Velilla está frente a San Román, al otro lado del río Leza, y gracias a esta pareja podrá ser conocido por muchos riojanos y visitantes. La naturaleza más tranquila y a la vez más salvaje, el cañón del Leza, una rica micología, senderismo, bonitos pueblos y mejores gentes, convierten a este valle en un destino apetecible.
El viaje por los Cameros ese día acabó unos kilómetros más arriba, en Laguna, con una inversión menos vistosa, pero necesaria: las obras de la balsa de regulación que garantizará el suministro de agua de boca en Laguna, Jalón y Cabezón de Cameros. El arroyo Montemayor es la fuente que nutrirá esta balsa, a la que se está dedicando una inversión de más de un millón de euros. Bien empleados.

De izquierda a derecha, Koldo González, secretario general de CC OO en La Rioja; Javier Granda, secretario general de UGT-Rioja, Pedro Sanz, presidente del Gobierno de La Rioja; Julián Doménech, presidente de la Federación de Empresarios de La Rioja; y José María Ruiz Alejos, presidnete de la Cámara de Comercio de La Rioja.
La Rioja, por encima de todo. Esta imagen de ayer, con los representantes de los sindicatos (secretarios generales de UGT y CC OO) y de los empresarios (presidentes de la Federación de Empresarios y de la Cámara de Comercio) y el Gobierno en las puertas del Tribunal Constitucional, demuestra que los riojanos trabajamos y luchamos juntos, dejando posturas partidistas a un lado. Por la defensa de nuestra tierra.
El blindaje del Concierto vasco supone un recorte de los derechos de los riojanos, además de una clara vulneración de los principios constitucionales. Y lo más flagrante, implica la discriminación entre los españoles. Por eso, he impulsado, junto a los agentes sociales, este recurso ante el Tribunal Constitucional.
Este recurso es la firme expresión de toda la sociedad riojana contra el blindaje. El blindaje significa la vulneración de principios constitucionales como la igualdad, los derechos de libertad de circulación, residencia y empresa, la unidad de mercado y la solidaridad y autonomía financiera.
No va, en ningún caso, contra el Concierto Económico Vasco, recogido en la Constitución española, y que respetamos, sino contra el abuso que las Diputaciones puedan ejercer, y que, de hecho, ejercen, en la aplicación del mismo. El recurso es contra un cambio de nuestra Constitución por la puerta de atrás y sin necesidad. Porque llevamos más de 30 años conviviendo con el Concierto y se ha planteado su blindaje, precisamente cuando La Rioja ha ganado numerosos recursos en los tribunales ordinarios contra el abuso en su aplicación.
El recurso contra el blindaje es defender lo nuestro, nuestra dignidad, la igualdad de los riojanos, nuestro futuro.
No he podido sacar hasta hoy (noche del jueves al viernes) el tiempito que necesitaba para contaros, aunque sea por encima, lo que hice el pasado fin de semana. A menudo escribo sobre mis sábados y mis domingos, porque son días más relajados. No tienen, habitualmente, la tensión política que, a veces, tienen los días laborables, como ha ocurrido en estas últimas jornadas. Es algo desagradable de lo que no me apetece escribir.
El domingo 11 amaneció con un sol espléndido en San Asensio, aunque a las 9 de la mañana todavía hacía algo de fresquito; pero, enseguida, la buena compañía y los siete kilómetros de romería a pie que recorrimos para traer al pueblo la imagen de la Virgen de Davalillo hicieron que entrásemos en calor rápidamente. Siempre somos bien acogidos por Alfonso, su alcalde, y por todos los vecinos. Qué decir del almuerzo que allí se prepara. Me llamó la atención, cómo cuidan y potencian su folclore: cuentan en el municipio con tres grupos de danzas (uno de chicos, los mayores, y otros dos de chicas más pequeñas) que aseguran la cantera de danzadores para muchos años. Buen trabajo.
Lástima que no pudiera quedarme más, pero Conchi, gran alcaldesa, y todo su pueblo, Galilea, esperaban en la plaza González Gallarza para dar la salida a la primera duatlón que organizan. Y lo hacen con el objetivo de dar a conocer la comarca y el paisaje de las Tierras de Ocón. De ahí el nombre de la prueba. A tenor de lo visto, con la alta participación que
se registró (el día era propicio), le auguro muchos años de vida. Os dejo el enlace a la interesante web de Galilea, ya que han hecho un esfuerzo loable para recoger buena parte de su historia y patrimonio cultural: www.galilea.es
Y ese domingo, la verdad es que fue un poco acelerado. Un rato después el objetivo era Rincón de Soto, que celebraba su tradicional homenaje a la jota. Cada año, la Asociación de Amigos de la Jota celebra su fiesta anual, junto a cachirulos, joteros aragoneses y navarros y otros venidos de toda La Rioja. Es riojanismo en vena, si me permitís la expresión, lo que se vive allí. Ambiente muy cálido en lo personal, muy colorido en lo que a atuendos se refiere y, sobre todo, alegre, como es La Rioja Baja. Una jota tras otra, la ronda por las calles del pueblo y la misa jotera. Y, después, a la salida de la iglesia, mayores y pequeños se baten en semiduelo a ver quién echa la mejor jota, quién emociona más o, a veces, que para eso están las de picadillo, quién hace reír más. Con Antonio García como referente, Rincón, junto a Alfaro y Calahorra, se ha convertido en el pulmón jotero de La Rioja. Bravo, Rincón.
Hay quien puede pensar que mi agenda es más pausada, pero son muchos los kilómetros que me toca recorrer, porque creo que lo importante es estar con la gente, con las riojanas y con los riojanos a quienes nos debemos. Me invitan y me dan una buena oportunidad para escucharles, tomar nota de sus problemas y de las soluciones que me proponen. Aprovecho esos viajes, a veces una romería, a la salida de una carrera de atletismo, a un festival de jotas, o a lo que sea, para pensar con ellos en cómo mejorar nuestros municipios, en cómo mejorar las condiciones de vida de nuestra gente. Por eso, solo puedo decirles: muchas gracias.
Llevo varios días para escribir esta entrada. Resulta más difícil que a uno le salgan las palabras cuando lo que va a expresar son emociones. Pero vamos a intentarlo porque Noemí se lo merece.
Noemí Villanueva nos ha dejado. Su labor era discreta, poco notoria (aunque muy notable). Ella fue la telefonista del Gobierno de La Rioja. Antes de que fuéramos Comunidad Autónoma ya lo era de la Diputación. En aquellos tiempos surgió la amistad con mi padre y, gracias a esa relación, pude conocerla. Noemí era la que ponía voz a la Administración. Siempre con mucho cariño y con mucha diligencia, pues conocía, mejor incluso que yo, cada sección, a cada funcionario, a cada trabajador. ¡La de miles de llamadas y consultas que habrá atendido!
En todos los trabajos hay diferentes puestos, diferentes responsabilidades y, claro, diferentes personas que las desempeñan. La labor de los que tenemos el privilegio de ocupar algún cargo siempre es más conocida. Pero hay otras muchas personas a las que parece que no echamos de menos hasta que faltan. Noemí era ciega pero su ceguera no fue para ella un impedimento para superarse (más bien fue una espoleta). Fue una mujer que se hizo a sí misma con
esfuerzo -cómo no-, que se superó cada día. Noemí fue (aún me cuesta hablar de ella en pasado) un modelo para otras personas con discpacidad, por las muchas capacidades que demostraba. Una persona atenta a todo, amable, cariñosa… y siempre alegre.
Tuve una estrecha relación con ella. Por eso quise agradecerle su entrega en el momento de su jubilación: bajé con todos los consejeros a saludarla y felicitarla por su jubilación. La sustituyó otra mujer ciega, Mª Ángeles Allo.
Personalmente, siento mucha tristeza por perder la amistad que mantenía con ella. Hablaba con ella casi todas las semanas. La última vez fue unos pocos días antes de que nos dejara. Noemí, fue una persona que siempre me causó
admiración. Pero el mensaje que hoy nos lanzaría Noemí sería de alegría, en positivo. Así era ella: alegre, optimista. Y ese mensaje nos tiene que ayudar a ver a las personas con discapacidad como personas con los mismos derechos. Tenemos que poner todo nuestro esfuerzo para que se integren social y laboralmente.
Siempre en mi recuerdo, Noemí.
Para el que no lo sepa (que me disculpen los que lo conocen), el auto sacramental de Santo Domingo de la Calzada es una composición teatral en la que un pueblo -casi un centenar de calceatenses- representan el misterio de la eucaristía. Y lo hacen mirando hacia el retablo de Damián Forment, en el que se inspiran. El escultor valenciano dejó su vida trabajando en el retablo de la catedral de Santo Domingo allá por el siglo XVI, y ahora es este municipio el que le homenajea. Un retablo que, tras el cambio de ubicación, ganó en interés y le dio la sobriedad, transparencia y elegancia que la catedral merecía.
Ójala pudiéramos llegar a abordar la restauración de todos los templos como este caso de Santo Domingo. Todos las iglesias, ermitas, retablos, y demás elementos del patrimonio religioso de cada uno de nuestros 174 municipios. La Rioja es tan pequeña y a la vez tan grande en patrimonio, en historia, que a veces a las
administraciones se nos escapa de nuestras posibilidades la restauración de todos nuestros bienes
histórico-artísticos. Por ello, valga esta espléndida iniciativa del párroco y de Juan Carlos Ibarra, el director del auto sacramental, para poner el énfasis en este retablo precioso, y en tantas joyas de nuestro patrimonio. Joyas que también tienen nombres y apellidos. Cada pueblo y cada persona que se involucra en su puesta en valor está dando valor a nuestro arte. Mi agradecimiento sincero a todos y cada uno.
Estas semanas “cortas” son terribles. Llevo día y medio para encontrar el momento de subir esta entrada que tenía en la cabeza.
La víspera de Jueves Santos aproveché para hacer balance de lo que va de año y anunciar nuevos proyectos. La Semana Santa supone un pequeño descanso para coger impulso, para seguir trabajando.
Pero no hay que olvidar que la Semana Santa es una fiesta religiosa, una fiesta cristiana. En nuestra región son numerosas sus expresiones, el fervor popular por nuestras creencias. La más popular, la más “internacional” es, sin duda, la procesión de los disciplinantes: los picaos de San Vicente de la Sonsierra. Pero en La Rioja hay mucho más. Este año, por su declaración como fiesta de interés turístico regional, quiero destacar la Semana Santa de Logroño, que empezó con un excepcional pregón de Fermín Labarga.
Pero hay otras muchas celebraciones menos conocidas. El fin de semana pasado pude comprobar que la afición por las bandas de tambores y bombos va en aumento entre los más jóvenes. Se celebraba ya la quinta (cómo pasan los años) Exaltación de tambores y bombos Ciudad de Varea. Capirotes de todos los colores: verdes, blancos, morados, negros… desfilando al son de los sonidos de la Semana Santa. Cornetas, tambores, bombos y timbales. Marchas que se mezclan con impactantes silencios para interpretar, en la plaza de la iglesia de Varea, la Pasión de Cristo.
Felicito de nuevo, ahora en público, a los más de 450 cofrades que participaron, así como a la asociación que lo organiza, de San Cosme y San Damián.
Nada más. Tomen un respiro estos días y disfruten de nuestras tradiciones.
Últimamente vengo hablando (o, mejor dicho, escribiendo) en este blog de los rasgos distintivos que nos marcan a los riojanos. Y hoy, a raíz de mi presencia ayer en Alimentaria, quiero subrayar un concepto tan arraigado en nuestra tierra: la Agricultura, con mayúscula. La Agricultura como seña de identidad y la profesión de agricultor como rasgo característico de nuestra región: porque el campo y el medio rural adquieren en La Rioja una importancia especial hasta obtener la categoría de cultura.
La Rioja Agricultura. Cultura de la Tierra es el lema de la nueva campaña institucional que hemos puesto en marcha para promocionar esto que nos distingue: la fortaleza de nuestro sector primario. Es una campaña que tiene como protagonistas el rostro y las manos -trabajadas-, de Milagros, Alfonso, Luis Mari o Fernando. Ellos, riojanos de carne y hueso, con nombres y apellidos y no modelos retocados con photoshop, son el ejemplo de miles de agricultores, viticultores, ganaderos o artesanos quen de forma anónima, hacen región con su trabajo día a día.
Nadie sabe tanto de la tierra como ellos. Por eso, debemos reivindicar el agro riojano como una pieza básica en el desarrollo de esta región y como el verdadero motor de nuestra actividad económica y de la sociedad en la que vivimos.
El empeño que ponen estas personas y la experiencia que demuestran como profesionales son la auténtica garantía de la calidad de sus frutos. Calidad en origen y origen Rioja. La Rioja y los riojanos, la tierra y las personas, son protagonistas en Alimentaria.
La vitalidad de los colectivos es fundamental en cualquier sector de nuestra sociedad. Por eso, la función de mover a la sociedad que realizan las asociaciones de personas mayores es digna de mi felicitación y aplauso. Estas asociaciones trabajan, junto a las instituciones, para mejorar los servicios y las prestaciones a nuestros mayores y para lograr su autonomía personal. Por eso cuentan con toda nuestra colaboración, todo nuestro apoyo. Para que La Rioja sea, cada día, más participativa, más integradora y esté mejor vertebrada.
Y, si bien hay que reconocer la función de los colectivos, quiero hacer especial mención a las personas que los integran, los que tiran del carro. Personas de un voluntarismo impresinante que trabajan al servicio de las personas mayores y mayores que dedican su tiempo libre a sus asociaciones. Eugenio y Ascensión, de 98 y 97 años, de San Vicente y Briones, pusieron cara el otro día a miles de mayores riojanos al recibir el homenaje como los asociados de más edad.
Mayores que son tesoros, nuestro mayor tesoro, valga la redundancia. Mayores que han vivido en primera persona y en sus propias carnes la transformación radical de nuestra sociedad en solo dos generaciones. Personas sabias con las que me encanta hablar, o más que hablar escucharles, por lo que uno aprende cuando hacen la memoria personal de sus vidas.
Me lo pasé en grande recordando con Ascen y Eugenio los deliciosos calostros que me daba de postre mi madre. Los calostros, esa primera leche de la vaca recién parida, la más sabrosa, la que más sustancia contiene (lo explico por si lo lee algún joven o algún urbanita), me sirve ahora como metáfora de esta generación de mayores: la mejor vacuna y la mejor vitamina para las nuevas generaciones. La más sabia y la que más vida tiene.
Congreso "Los cacereños que vinieron de lejos"
Ya se van los pastores, ya se van marchando,
ya se queda la sierra, triste y callando.
Ya se van los pastores, a la Extremadura,
ya se queda la sierra triste y oscura.
A cualquiera que escuche esta melodía tal vez le venga a la memoria el Espolón logroñés: el carrillón de Ibercaja. Pero esa música nos lleva mucho más lejos, siglos atrás, por las cañadas reales… hasta Extremadura. Cientos de cameranos dejaron sus pueblos para emprender nuevas vidas: algunos de ellos pasaron sin pena ni gloria pero otros muchos consiguieron hacer fortuna, tener relevancia y prestigio social, y dejar su huella en los lugares donde les acogieron. Cameranos que llevaban a La Rioja en el corazón e hicieron patria de su tierra.
Estos días en Cáceres se ha celebrado un interesante congreso bajo el título Los cacereños que vinieron de lejos. Los cameranos, como allí los conocen, “que llegaron de allá arriba” (así lo dicen). El martes tuve la suerte de conocer durante la inauguración a descendientes de aquellos riojanos que se sentían emocionados de poder honrar a sus antecesores. Cameranos que, una vez establecidos, pusieron en marcha negocios, comercios de lana principalmente e, incluso, abrieron los primeros bancos de la ciudad… Eran gente muy activa, muy trabajadora, personas que revitalizaron una ciudad “que en aquella época estaba muy parada” (así lo contaba con orgullo uno de los descendientes). Ese desarrollo económico es hoy objeto de estudio.
Basta con recorrer la preciosa Plaza Mayor de Cáceres para comprobar cómo entre sus soportales se situaban los comercios de la gente de Cameros. Con los años llegarían, incluso, a ocupar la alcaldía de la ciudad. Su huella pervive en apellidos como los López de Montenegro, los Muñoz de San Pedro, los Muro o De la Riva… Pero sobrevive, sobre todo, en los ojos y en la memoria de sus descendientes.
Hoy también las líneas de investigación de los historiadores dan cuenta de esa pasión por su tierra que los trashumantes llevaban en el morral, en el corazón. Investigaciones que se suman a los trabajos del IER ya existentes, De Villoslada de Cameros a Extremadura, de Carmen Fernández-Daza, Trashumantes riojanos, de Luis Vicente Elías o Cofradías de Valvanera: cauce de identidad riojana, de Fermín Labarga.
Por eso, reitero mis felicitaciones a los investigadores organizadores del congreso por elegir como tema de estudio un fenómeno demográfico determinante para la ciudad de Cáceres pero también para los pueblos de nuestra sierra. Felicitarles por su empeño en recuperar unas raíces históricas que también son nuestras, que son parte de nuestros orígenes, de nuestra identidad. Una cultura popular riojana que hemos ido forjando a lo largo de los siglos y que tenemos el deber de salvaguardar y de transmitir a las nuevas generaciones.