Por fin ha llegado 2010: año jacobeo, año de la TDT, año de la Juventud en La Rioja… año -en definitiva- lleno de ilusiones. Sé que no es muy original pero no quiero dejar pasar esa buena costumbre de decir FELIZ Y PRÓSPERO AÑO NUEVO.
Un año próspero es un año venturoso. Deseo que éste que comienza nos haga olvidar el que termina (o, lo menos bueno, que también ha tenido muchas cosas buenas). Que 2010 no sea peor, sino que nos ayude a conseguir juntos nuestro gran objetivo común: el empleo. Para ello vamos a necesitar esfuerzo y sacrificio y os aseguro que por mi parte pondré todo mi empeño. El trabajo, el empleo, el sacrificio y el esfuerzo van a ser un año más los valores que marquen mi día a día. Y pido para ello salud, tan necesaria para llevar este y cualquier proyecto a cabo.
Se acerca, para los niños, la noche más especial del año: la noche mágica de Reyes. Mágica por la ilusión que enciende en los ojos y en los corazones de los más pequeños. Son esas miradas, tan especiales, las que me recuerdan los nervios vividos de chiquillo, el no dormir, el amanecer muchas veces nevado en Igea… y el regalo inesperado. De mi época más menuda, recuerdo especialmente un triciclo, un sencillo triciclo, que me echaron los Reyes y que me hizo el niño más feliz del mundo.
Son esas miradas mágicas las que brotaban hoy de los niños de la guardería de la Cocina Económica. Y deben ser iniciativas preciosas como ésta organizada por el Instituto Riojano de la Juventud las que apoyemos estos días. Esforzarnos por aquellos que menos tienen -cuando no nada- para conseguir que, para ellos, también sea una noche especial. Ha sido una gozada verles jugar y sonreír, como decia el lema de la iniciativa. Se han recogido cerca de 500 juguetes (se lo agradezco personalmente a las familias que generosamente los han entregado) y hoy tenemos 250 niños más que juegan y sonríen. Una generosidad tan grande que servirá no solo para ver sonreír a los niños de la guardería Entrepuentes sino también a los hijos de los reclusos de la cárcel de Logroño y a otros niños del Casco Antiguo.
Y los adultos, ¿qué nos queda? Contagiarnos, cada uno de nosotros, con la sonrisa de cada niño. Y seguir siendo generosos durante todo 2010.