Por fin ha llegado 2010: año jacobeo, año de la TDT, año de la Juventud en La Rioja… año -en definitiva- lleno de ilusiones. Sé que no es muy original pero no quiero dejar pasar esa buena costumbre de decir FELIZ Y PRÓSPERO AÑO NUEVO.
Un año próspero es un año venturoso. Deseo que éste que comienza nos haga olvidar el que termina (o, lo menos bueno, que también ha tenido muchas cosas buenas). Que 2010 no sea peor, sino que nos ayude a conseguir juntos nuestro gran objetivo común: el empleo. Para ello vamos a necesitar esfuerzo y sacrificio y os aseguro que por mi parte pondré todo mi empeño. El trabajo, el empleo, el sacrificio y el esfuerzo van a ser un año más los valores que marquen mi día a día. Y pido para ello salud, tan necesaria para llevar este y cualquier proyecto a cabo.
Se acerca, para los niños, la noche más especial del año: la noche mágica de Reyes. Mágica por la ilusión que enciende en los ojos y en los corazones de los más pequeños. Son esas miradas, tan especiales, las que me recuerdan los nervios vividos de chiquillo, el no dormir, el amanecer muchas veces nevado en Igea… y el regalo inesperado. De mi época más menuda, recuerdo especialmente un triciclo, un sencillo triciclo, que me echaron los Reyes y que me hizo el niño más feliz del mundo.
Son esas miradas mágicas las que brotaban hoy de los niños de la guardería de la Cocina Económica. Y deben ser iniciativas preciosas como ésta organizada por el Instituto Riojano de la Juventud las que apoyemos estos días. Esforzarnos por aquellos que menos tienen -cuando no nada- para conseguir que, para ellos, también sea una noche especial. Ha sido una gozada verles jugar y sonreír, como decia el lema de la iniciativa. Se han recogido cerca de 500 juguetes (se lo agradezco personalmente a las familias que generosamente los han entregado) y hoy tenemos 250 niños más que juegan y sonríen. Una generosidad tan grande que servirá no solo para ver sonreír a los niños de la guardería Entrepuentes sino también a los hijos de los reclusos de la cárcel de Logroño y a otros niños del Casco Antiguo.
Y los adultos, ¿qué nos queda? Contagiarnos, cada uno de nosotros, con la sonrisa de cada niño. Y seguir siendo generosos durante todo 2010.

Con mi padre hace ya... catorce años

Mi padre felicitándome también en 1995 tras mi investidura. Una foto que nos hizo Raquel, de la agencia EFE.
Para mí, las fiestas navideñas han sido siempre y aún lo son un tiempo para dedicárselo a mi familia. Ese tiempo que durante el año les robo sin permiso y sin reproches por su parte.
Por eso, estas Navidades quiero recordar a mis padres. Se lo merecen por todo el cariño que me han regalado. Echo en falta a mi madre, Alejandrina, y echo de menos a quien nos dejó este año, mi padre, Jesús. De él ya he escrito en mi perfil porque a él le debo mucho, entre otras cosas, el haberme contagiado mi vocación de servidor público.
En compañía de mis padres, recuerdo, sobre todo, mi infancia y juventud, cuando el frío del invierno en Igea se paliaba con el calor de la cena del hogar. El calor de la lumbre pero, especialmente, el calor de las personas. En torno al fuego de la cocina de leña, como en tantos y tantos hogares riojanos, nos juntábamos toda la familia, cerca de veinte…
Pero la vida va cambiando. Y le va cambiando a uno también. Y, aunque confieso que me cuesta adaptarme a los cambios, a estas vueltas que la vida nos da, siento que mi obligación ahora es dejar un poco a un lado esos sentimientos más tristes que me invaden, esa parte melancólica de la nostalgia.
Porque en estos días creo que es necesario cargarnos de optimismo y de alegría para disfrutar estas fechas con nuestros seres más queridos. Con mi mujer, con mi hija, con mis hermanos, con mis sobrinos. Con los que cada uno de nosotros siempre tenemos a nuestro lado. Y pase lo que pase. Esas personas queridas y cercanas que en los buenos momentos, y en los menos buenos, sé que siempre están a mi lado.
Es tiempo para dedicárselo a ellos, a quienes más me importan. Sí, es momento de que aflore lo familiar. Momento de ocuparnos de quienes nos ayudan a borrar por un momento los problemas y quehaceres del día a día. En definitiva, es el momento para tomar fuerzas y cargarnos de ilusiones para 2010.
Dejo, como decía, a un lado esa nostalgia, el recuerdo de las pesonas queridas que nos dejaron, para desearos de forma sentida y sincera una muy Feliz Navidad en compañía de vuestra familia y rogaros que os esforcéis por hacer más felices a quienes os rodean.