Aromas de infancia

Los viajes y sus correspondientes esperas en aviones, taxis o aeropuertos permiten sacar tiempo para escribir, para redactar comentarios como el que sigue, y recordar tiempos en los que la vida tenía un ritmo más pausado, más tranquilo. Y como el viaje que me ocupa está íntimamente relacionado con los productos agrícolas de calidad de nuestra tierra, quiero compartir con ustedes la debilidad por el aceite que me aborda desde niño.

Mi infancia huele a aceite. Sí, es uno de los olores que recuerdo de mi familia. En los sótanos de la casa existía un trujal de los llamados de sangre, por ser de tracción animal, que todos los años nos tocaba poner en funcionamiento. Claro está, primero había que recoger la oliva: mis padres, mis hermanos, algunos de mis tíos… La macho y la redondilla, principalmente, si no recuerdo mal.

La casa donde vivíamos fue en su tiempo del Marqués de Casa Torre, quien contando con olivares entre sus pertenencias, según los estudios que pude conocer a posteriori, decidió construir su propio trujal en los sótanos, para no tener que esperar su turno o como bien es comprensible, para evitar tener que pagar su correspondiente maquila.

Por eso, esa imagen del trujal, es uno de los iconos que permanecen en mi retina, desde niño, y el aroma de las olivas, ya hechas aceite, otra de las huellas de familia que no se borran.

Y es que Igea no es precisamente famosa por sus vinos, pero la calidad de su aceite, se lo garantizo yo, es extraordinaria. La almazara de la cooperativa es de las primeras que hubo en La Rioja y llegó a superar los 400.000 kilos anuales. Es una pena que los jóvenes no tomen el relevo de los mayores porque cada vez quedan menos olivicultores.

¿Y todo esto a cuento de qué? Pues todo ello está relacionado con la visita a Corera que pude realizar el pasado sábado, con motivo de la rehabilitación del trujal de Santa Bárbara. Un trujal que a pesar de su antigüedad, sigue en pleno funcionamiento, y es un elemento por ello de especial interés etnográfico, como reclamo turístico, para ser visitado, no solo en la fiesta de la ‘Pringada’.

Es hora de ir reivindicando estos dos conceptos, el turismo más popular, de raíces, y el aceite de oliva riojano, de gran calidad.

trujal-corera2Imágenes de la visita al trujal de Corera



2 respuestas a “Aromas de infancia”

  1. Querido Pedro,
    primero mi felicitación por lo bien que escribe, al leerlo parecía estar oliendo lo que describe. Ese Palacio que tanto me impresionaba de pequeña cuando merendabamos los sábados con Ramitos, a la que mando muchos besos y mi tia Asún que me llevaban siempre de paseo.

    Un beso a Ud y a nuestro maravilloso pueblo

  2. [...] Eulalia y de mi pueblo, Igea, celebraban este sábado la fiesta del oro líquido y me traían los aromas de la infancia: ese olor del aceite pura, virgen, del trujal de sangre que teníamos en los sótanos de la [...]

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