Cómo recuperar nuestros orígenes: balneario de Grávalos

Hablarles de Grávalos es hablarles de mi zona, de mis raíces, de mi juventud: cuántas vacas habremos corrido en sus encierros. Es un pueblo que ha sabido conservar sus tradiciones (una muestra es el ciclo de navidad, la misa de pastores, etc.) y poner en valor sus orígenes, recuperando estos últimos años su balneario para apostar fuerte por su futuro.

Hablarles del balneario me hace echar la mirada cuatro años atrás, cuando después de casi un siglo de abandono, comenzamos su rehabilitación. Qué imagen tan diferente. Saldamos así una deuda que el pueblo tenía consigo mismo por tener el balneario cerrado, un centro termal que tuviera su momento más álgido en el siglo XIX, junto a los de Arnedillo, Cervera y Fitero, ya en territorio navarro. Una deuda que tenía La Rioja porque recuperamos así uno de los edificios más emblemáticos del patrimonio urbano de nuestra región. Patrimonio de gravaleños y de todos los riojanos.

Y es que quizás una de las mejores bondades, una de las mayores riquezas que tiene La Rioja, y al mismo tiempo menos conocida, sea la abundancia y calidad de sus aguas mineromedicinales. El manantial de Fons Podrida de Grávalos da buena cuenta de ello: conocido desde la Antigüedad Romana, sus aguas, ricas en azufre, calcio, magnesio y manganeso, son recomendadas para el tratamiento de afecciones respiratorias, reumáticas, digestivas y dermatológicas.

Por todo ello, creo que la rehabilitación del balneario, que contará con 140 plazas de hotel, va a marcar el inicio de un año histórico para Grávalos, dotándole de un nuevo atractivo turístico, unido al incomparable paisaje, su riqueza natural y paleontológica, para impulsar la zona desde el punto de vista económico, con la imagen más moderna.



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