San Millán, en su máximo esplendor

En momentos como éste, al ver concluidos los trabajos de restauración de la iglesia de del Monasterio de Yuso, a los riojanos y a todos los hispanohablantes nos viene el recuerdo del momento de su declaración como Patrimonio de la Humanidad: un hito cuya trascendencia para La Rioja es imposible de calcular, a nivel de autoestima, de proyección cultural y turística. Aquel diciembre de 1997 fue una de las fechas más bonitas que he podido vivir como Presidente: era la primera vez que en la sede de la UNESCO y en acto oficial se hablaba en castellano.

Pero aquello no terminó allí, ya que adquirimos dos compromisos claros: la creación de un centro de investigación puntero de nuestro idioma y la restauración íntegra de los dos monasterios. Con la colaboración de toda la sociedad riojana iniciamos a caminar.

En esta etapa final hay que acordarse de tantos patronos, muchos benefactores, muchos empresarios, que han recorrido este camino de la mano del Gobierno de La Rioja, de la Fundación San Millán y de la propia comunidad de Agustinos Recoletos.

Al ver cómo ha quedado la iglesia de la Asunción de Nuestra Señora, después de tres años de trabajos, nos sentimos honrados, orgullosos, porque parece que uno ve un templo diferente. Los restauradores, gracias al apoyo de Fundación Caja Madrid, le han dado todo su esplendor, le han sacado los mejores valores: es mucho más que una obra civil, porque se han abierto las puertas para mostrar, de modo didáctico, a nuestros más pequeños el valor que este templo tiene. Y nos ha servido también para conocer datos de los orígenes del monasterio que desconocíamos, como fueron los restos arqueológicos de la primitiva iglesia románica.

Hemos demostrado cómo juntos se consigue el éxito. Y entre todos, hemos conseguido poner en valor uno de nuestros emblemas, la lengua castellana y sus orígenes radicados en nuestros monasterios, y ahora, devolver su esplendor a uno de los templos monásticos más relevantes del patrimonio histórico español.



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