Si una cita prevalece año tras año, durante casi cinco siglos, y lo hace reuniendo a varios miles de personas, no cabe duda de que se trata de una tradición que hunde sus raíces en la esencia de nuestra historia: hablo de la Caridad de Lomos de Orios, en Villoslada, a cuya romería grande pude asistir este pasado fin de semana.
Este año los invitados fueron cinco obispos puertorriqueños que acompañaban a Monseñor Félix Lázaro, logroñés y vicepresidente de la Conferencia Episcopal de Puerto Rico, quien tuvo el honor de oficiar la misa. Pero si éstos fueron los invitados de excepción, la jornada estuvo marcada por una ausencia, la de Juana González, emigrante en Chile aunque natural de Villoslada, y que donó los corderos durante cuatro décadas hasta su fallecimiento hace unos meses. Tuve la gran suerte de estar con ella en mi último viaje a Chile y pude saludarla en su hogar, rodeada de su familia y de recuerdos de su tierra, de La Rioja y de Villoslada por toda la casa, con la imagen de la Virgen de Lomos de Orios presidiendo. Desde aquí, como ya lo he hecho persolamente, le reitero todo mi cariño a su familia. Este año han dado la Caridad los hijos de Antonio González, que fue conductor de la Comunidad Autónoma, a quien recuerdo también con mucho afecto.
Lejos quedan aquellos bandidos que amenazaban nuestra sierra, lejos -tristemente- quedan también aquellos pastores trashumantes que pidieron auxilio a la Virgen de Lomos de Orios, pero no tengan duda de que manteniendo vivas estas tradiciones nos acercamos cada día más a nuestras raíces, a nuestros orígenes.