La vitalidad de los colectivos es fundamental en cualquier sector de nuestra sociedad. Por eso, la función de mover a la sociedad que realizan las asociaciones de personas mayores es digna de mi felicitación y aplauso. Estas asociaciones trabajan, junto a las instituciones, para mejorar los servicios y las prestaciones a nuestros mayores y para lograr su autonomía personal. Por eso cuentan con toda nuestra colaboración, todo nuestro apoyo. Para que La Rioja sea, cada día, más participativa, más integradora y esté mejor vertebrada.
Y, si bien hay que reconocer la función de los colectivos, quiero hacer especial mención a las personas que los integran, los que tiran del carro. Personas de un voluntarismo impresinante que trabajan al servicio de las personas mayores y mayores que dedican su tiempo libre a sus asociaciones. Eugenio y Ascensión, de 98 y 97 años, de San Vicente y Briones, pusieron cara el otro día a miles de mayores riojanos al recibir el homenaje como los asociados de más edad.
Mayores que son tesoros, nuestro mayor tesoro, valga la redundancia. Mayores que han vivido en primera persona y en sus propias carnes la transformación radical de nuestra sociedad en solo dos generaciones. Personas sabias con las que me encanta hablar, o más que hablar escucharles, por lo que uno aprende cuando hacen la memoria personal de sus vidas.
Me lo pasé en grande recordando con Ascen y Eugenio los deliciosos calostros que me daba de postre mi madre. Los calostros, esa primera leche de la vaca recién parida, la más sabrosa, la que más sustancia contiene (lo explico por si lo lee algún joven o algún urbanita), me sirve ahora como metáfora de esta generación de mayores: la mejor vacuna y la mejor vitamina para las nuevas generaciones. La más sabia y la que más vida tiene.